Barcelona es ciudad mediterránea con muchos lugares de interés que el viajero puede explorar, pero sólo uno por donde es casi imperante comenzar: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, la iglesia menos convencional de toda Europa y símbolo indiscutible de esta localidad española,de Alejandro Fresser Greiner para www.viajeros.com
Barcelona es una ciudad mediterránea con muchos lugares de interés que el viajero puede explorar, pero sólo uno por donde es casi imperante comenzar: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, la iglesia menos convencional de toda Europa y su símbolo indiscutible.
Esta localidad española presume de ser la ciudad del viejo continente con mayor número de edificaciones modernistas, y en gran parte se lo debe a Antoni Gaudí, máximo representante en Cataluña de esta tendencia arquitectónica que rompe con los criterios tradicionales. La Sagrada Familia acaparó su vida por 16 años, y a su muerte fue enterrado en la cripta. Actualmente los trabajos de construcción del templo continúan.
No hay que decirlo: la Sagrada Familia es apoteósica. Cada detalle de esta maravilla representa hechos de la fe cristiana. Así las cosas sus 2 entradas principales, fachada de la Pasión y fachada de la Natividad, exponen en sus diseños momentos bíblicos claves. Los tickets para entrar al monumento se adquieren por la fachada de la Pasión, pero me parece más interesante llegarse hasta la fachada de la Natividad para subir a las torres de ese lado. Son algo menos elevadas que sus otras homólogas, pero ya en la cima el visitante tiene la maravillosa oportunidad de pasar de una torre a otra a través de un diminuto puente que las une, lo cual permite obtener una vista gratificante de Barcelona. Las torres de la fachada de la Pasión no cuentan con este enlace. Se llega arriba mediante un ascensor, y para bajar al altar el turista debe acceder a una red de escaleras de caracol que permiten adentrarse en diversos miradores diseminados a lo largo del trayecto de descenso.
Gaudí es omnipresente en Barcelona. En una colina se eleva arrogante otra de sus obras majestuosas: el Parc Güell, un gran jardín con elementos arquitectónicos coloridos bien curiosos. Un paseo por sus caminerías constituye un encuentro cercano con la esencia modernista de esta localidad española. Hay que ir. Esta visita es imperdible. Desde allí hay una vista más que sensacional de toda la ciudad.
El casco antiguo de Barcelona es una nota. Es uno de los centros urbanos medievales más grandes y hermosos de toda Europa. Allí se encuentra el Barrio Gótico, coronado por su catedral y rodeado de laberintos de calles y plazas repletas de tiendas y restaurantes. Está atravesado por la histórica peatonal de las Ramblas, animada día y noche por vendedores de souvenirs, restaurantes, hoteles y los artistas callejeros que tratan de sustentar la vida con las recompensas en euros otorgadas por el público que admira sus propuestas. Durante el paseo por Las Ramblas vuelve a aparecer Gaudí con su Palau Güell, otrora residencia de familias acomodadas, así como punto de encuentro político, sala de conciertos y alojamiento de visitantes célebres.
No se debe salir de Barcelona sin admirar de cerca lo que hace de esta localidad una ciudad relajada: el Mediterráneo. Lleno de agradables cafés, Barceloneta era el antiguo pueblo de pescadores que ahora se la pasa lleno de turistas que buscan en la playa serenidad. Un paseo por la rambla del mar al caer la tarde es una de las experiencias más gratificantes. El ambiente es realmente fenomenal.
Por toda la ciudad existen variadas edificaciones y monumentos con inigualable valor artístico. Destaca la torre Agbar, que con su forma fálica rompe con la estructura tradicional de Barcelona sin haber ello impedido su integración al conjunto urbanístico. Junto al templo de la Sagrada Familia es la edificación que más sobresale. También impresionan la escultura de Liechtenstein, la fuente mágica de Montjuïc y la torre Calatrava, entre otros símbolos.
Barcelona se lleva todos mis aplausos por delante de las grandes ciudades de España. Muchas personas adoran a Madrid, incluida parte de mi familia que vive allí. No los contradigo: es una ciudad próspera, muy hermosa y por supuesto digna de visitar, pero en mi opinión muy particular poco interesante. Entre lo bello y lo interesante, me quedo siempre con lo segundo. Y Barcelona realmente acapara los sentidos más allá de su magistral físico.